Historias del beso
ESTO ES MÍO Y SÓLO MÍO Y LO QUIERO PARA MÍ
Redacción Villana
82 Artículos Publicados

Mientras ella acercaba su sexo al de él, él agitado y trémulo intentaba desabotonarle la camisa, sus manos estaban inquietas, su mente -contrario a otra veces- no se podía concentrar, sólo después de dos intentos logró liberar dos botones que separaban su boca de sus senos, un par de senos de color canela, que conservan una mezcla extraña entre sudor y perfume, el exquisito y  siempre delicioso olor de una mujer, su adicción al sudor de la carne de  mujer, esa extraña mezcla de olores, sensaciones, esa dependencia a la que tiempo atrás se había unido, su inevitable adicción. Cerraba sus ojos e intentaba disfrutar cada beso, cada caricia, su mente volvía y lo abandonaba, su cuerpo estaba de nuevo a merced de ella…de ella, de sus encantos y de los placeres mundanos.

Con violencia agarró su rostro y con la mirada fija en su boca la besaba, inició delicadamente mordiendo el labio inferior, con cada beso y movimiento la pasión y la locura iban aumentando, sus manos no querían soltarla, ella sostenía su rostro y repetía una y otra vez “Esto es mío y sólo mío y lo quiero para mí”, una y otra vez las repitió, palabras que siguen sonando en su mente y él guarda la esperanza de escucharlas de nuevo, como el marinero que desesperadamente observa el horizonte a la espera de tierra firme para encontrar a la sirena que robó su corazón, su alma, sus deseos…sus demonios.

Un beso, un beso largo eterno y  apasionado, un beso que detuvo el tiempo en ese momento su mente y el sentido común lo habían abandonado; su cuerpo se dejaba llevar por el deseo mundano de la carne a través de un río rápido, caudaloso y violento, un beso que lo hizo sentir como si fuese su primera vez, con desespero, ansiedad e inexperiencia, lo que no sabía era que a pesar de haber besado antes a decenas de mujeres esta si era la primera vez, “la primera vez” que besaba una diosa, pero sólo más tarde se daría cuenta de eso.

Él se puso de pie, necesitaba que el aire entrara mejor a sus pulmones de nuevo, de repente se sorprendió abriendo la caja de cigarrillos encendió uno y con la primera gran bocanada de tabaco su corazón comenzó a latir de nuevo, 10 meses habían pasado desde que había fumado por última vez y que había jurado no volverlo a hacer, pero esta -como muchas otras promesas- están hechas para romperse, una vez su corazón se estabilizó, intentó poner en orden sus pensamientos quería descifrar el arcano escondido detrás de los besos de esa mujer.

Esa mujer era una hechicera en el cuerpo de una mortal, esa mujer vestida de púrpura que con cada contacto de sus labios, con cada contacto de sus manos, con cada contacto de su cuerpo, provocó una sensación y un pensamiento vino a su mente, una voz habló desde su interior murmurando “te están robando, te están dejando sin aire y van a torturar tu alma”, pero con la segunda bocanada esa voz se silenció.

Rápidamente entró en la casa, tomó la botella de Ginebra, sirvió un trago para ella y dos para él, el segundo trago fue largo, puro y seco, pidió un taxi y tan pronto llegó lo abordó y se marchó a su casa con la sensación que algo había dejado y que tenía que volver a recuperarlo, pero hoy no…esta madrugada él fue el perdedor.

Autor: Gestas

Foto: The Kiss por Alfred Eisenstaedt (14 de agosto de 1945) Recuperado el 25 de marzo de 2015, de http://time.com/photography/life/

Categories Para Decir
Más Contenido Villano
¿Qué Buscas?