DE OSAKA A ARACATACA
DeColorVioleta
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Gabriel García Márquez insistía con vehemencia lo importante que resultaban los amigos en su vida, tanto así que en el prólogo de doce cuentos peregrinos narra un sueño en el que ve a sus amigos reunidos en su propio funeral y concluye de la muerte que “morir es no estar nunca más con los amigos.”

Y creo que así trató a cada uno de los escritores con los que se cruzó, no sólo física, sino literariamente, ¡como sus amigos!

Él admitió, años atrás, que no conocía mucho de la literatura japonesa y como buen escritor que era, se dio a la tarea de conocerla y buscar amigos por esos caminos.

Podría decir que yo –al igual que muchos de ustedes- sé muy poco y casi nada sobre La tierra del sol naciente y mucho menos sobre su literatura, la mayoría de personas que conozco coinciden en creer que la cultura japonesa tiene algo de mágica, maravillosa y mística, características que a nuestros ojos, oídos y mente son, más que ajenas, lejanas.

La aproximación de una parte de su literatura a nuestras tierras estuvo en manos del nobel García Márquez quien nos la dio a conocer no sólo en forma de cuento (que a mi modo de ver es lo que mejor le queda), sino también de novela, esta vez en un contexto colombiano, para ser más precisa, barranquillero.

Tras 67 años de premiar la genialidad en las letras gana por primera vez, en el año 1968 el premio nobel de literatura un escritor de origen japonés Yasunari Kawabata con la obra Lo bello y lo triste, esto no quiere decir que antes no lo hubieran merecido, yo creo que nuestra mirada occidental no nos había permitido disfrutar de su encanto.

García Márquez nos tradujo su magia, sin embargo no quiso hacerlo con el libro que mereció el premio, sino con La casa de las bellas durmientes, incluso llega a decir que si hubiese un libro que hubiera podido escribir de él, sería ese.

Kawabata en este libro nos transporta a un mundo desconocido y tal vez impensable para muchos, lleno de erotismo, de belleza, de insinuaciones, de sensualismo, pero no del modo que lo conocemos, no del modo evidente, obvio, predecible o quizás idealista, sino de una manera terrenal, descarnada, tal vez de algún modo terrible, en éste cuenta la historia de Eguchi, un anciano que decide visitar una casa donde los hombres pagan por dormir junto a las mujeres jóvenes desnudas más hermosas, sin poder tocarlas, mientras ellas entran en un profundo sueño, aunque la satisfacción consistía en poder soñar a su lado, recordando a las mujeres de su juventud.

García Márquez quedó prendado de esta fantástica historia y construye su versión en el siguiente cuento que es el tercer relato del libro Doce Cuentos Peregrinos. Narrado aquí por el periodista argentino Alejandro Apo.

casa de las bellas

 

No fue suficiente para Gabo con evocar a Kawabata en su cuento y en el año 2004 materializa su homenaje en el libro Memoria de mis putas tristes, que no es otra cosa sino la versión del nobel sobre el libro del escritor nipón, de hecho incluye en su página inicial un fragmento tomado del libro de Kawabata “No debía hacer nada de mal gusto, advirtió al anciano Eguchi la mujer de la posada. No debía poner el dedo en la boca de la mujer dormida ni intentar nada parecido.”

Con toda seguridad, Gabo imprime su estilo personal y muy latinoamericano en su novela, aunque también habla de un anciano que visita una casa de lenocinio, éste y la prostituta adolescente terminan profundamente enamorados, mientras en la historia de Kawabata, los viejos son sórdidos, perversos, el anciano barranquillero de García Márquez logra florecer el amor en su vida que está por finalizar, una historia sin duda romántica y adolescente.

Autor | Violeta

Foto   | 3demonios.com/wp-content/uploads/2011/12/428.png

Vídeo | youtube

Audio | Alejandro Apo

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