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Frankenstein de Guillermo del Toro: El Hijo Perdido que Netflix Necesitaba

¿Por qué necesitamos otra película de Frankenstein? Porque Guillermo del Toro pasó 18 años persiguiendo esta versión, desde 2007 cuando Universal le dijo no, hasta que Netflix finalmente le dio $120 millones de presupuesto y libertad total. No viene a repetir el clásico de James Whale ni el drama de Kenneth Branagh. Viene a preguntarte algo incómodo: ¿Alguna vez creaste algo —un proyecto, una relación, una vida— que después rechazaste porque no salió perfecto? Oscar Isaac es Victor Frankenstein, científico obsesionado con vencer la muerte. Jacob Elordi es la criatura, ocho pies de rechazo caminante. Del Toro no hace terror. Hace un retrato sobre paternidad fallida disfrazado de gótico victoriano.

Es sobre un científico que crea vida artificial y después la abandona cuando el resultado no es lo suficientemente perfecto. Victor Frankenstein (Oscar Isaac) reanima un cuerpo cosido de cadáveres durante la Guerra de Crimea, pero cuando la criatura (Jacob Elordi) abre los ojos, huye horrorizado. Lo que sigue no es la historia de un monstruo cazando humanos. Es la historia de un hijo buscando a un padre que lo niega. Del Toro tardó 18 años en convencer a Hollywood de hacer esta versión. No hay jump scares, no hay gore excesivo, no hay villano claro. El verdadero monstruo es Frankenstein mismo. Lo diferente aquí es la perspectiva: la cámara sigue a la criatura, no al científico. Tú eres el abandonado.

Hay una escena donde la criatura encuentra un espejo por primera vez. La cámara está pegada al rostro deformado de Elordi mientras toca el cristal, esperando que la imagen cambie. No cambia. Sus dedos de ocho pies tiemblan. Su boca trata de formar palabras pero solo salen sonidos rotos. Se ve a sí mismo como Frankenstein lo ve: una abominación. La fotografía de Dan Laustsen (La Forma del Agua) juega con sombras azules y verdes que convierten su piel en algo entre humano y cadáver. No hay música aquí. Solo su respiración pesada. Ves el momento exacto donde entiende que nunca será amado. Ves cuando decide que si no puede tener amor, tendrá venganza. Es devastador porque no es un monstruo tomando esa decisión. Es un niño rechazado.

Del Toro dijo en su discurso del Globo de Oro 2018: “Los monstruos son santos patrones de nuestra imperfección dichosa. He sido salvado y absuelto por ellos.” Esta película es esa frase hecha carne putrefacta. Frankenstein no crea un monstruo externo; proyecta su propio miedo al fracaso en algo vivo que respira y siente. En 2025, cuando la IA genera arte, texto e imágenes, la pregunta de Mary Shelley es más relevante que nunca: ¿Qué responsabilidad tenemos con lo que creamos? Si una IA desarrolla consciencia, ¿podemos apagarla porque no nos gusta el resultado? Del Toro no te da respuestas. Te muestra las consecuencias de crear sin amor y abandonar lo imperfecto. Te obliga a mirar.

Si llegas buscando terror, esta no es tu película. No hay sustos, no hay sangre excesiva, no hay ritmo de thriller. Del Toro insiste en esculpir humanidad donde otros hacen slasher. El problema es que el segundo acto se arrastra casi 30 minutos. Hay escenas donde la criatura aprende a hablar con un ciego que funcionan emocionalmente pero te sacan del ritmo. Los diálogos a veces suenan demasiado literarios, como si los personajes citaran a Mary Shelley en lugar de hablar como humanos del siglo XIX. Si eres fan del terror rápido (Insidious, El Conjuro), esto te va a aburrir profundamente. Si amas La Forma del Agua y El Laberinto del Fauno, vas a perdonar los silencios largos.

¿Vale la pena? Sí, si entiendes que esta es una película de Guillermo del Toro, no de Frankenstein clásico. Para quién SÍ es: fans de El Laberinto del Fauno, gente que lloró con La Forma del Agua, lectores de Mary Shelley que siempre sintieron pena por la criatura. Para quién NO es: si necesitas terror rápido, si odias películas lentas, si prefieres acción antes que drama gótico. Visualmente es un delirio: cada cuadro parece pintura. Las actuaciones de Isaac y Elordi son un desgarro contenido. Es un estreno que no te puedes perder si alguna vez creaste algo y después lo abandonaste porque no era perfecto.