
Un Tipo Escribió Like a Virgin y Madonna se la Robó Para Siempre
Billy Steinberg iba manejando una camioneta roja por los viñedos de su padre en Coachella cuando se le ocurrió la letra. Acababa de salir de una relación desastrosa. Había conocido a alguien nuevo. Esa persona lo hacía sentir renovado, como si nunca hubiera amado antes. Como si fuera virgen otra vez. Escribió sobre eso. Una balada autobiográfica sobre sanar heridas emocionales. Un tipo vulnerable componiendo sobre sus sentimientos.
Cuando llevó la canción a Tom Kelly, su socio de composición, decidieron que fuera una power ballad al estilo Beatles o Scorpions. Pero había un problema. No sabían cómo encajar la línea “like a virgin”. Steinberg no quería usar esa palabra “atrevida”. Le parecía demasiado. Solo quería decir que comenzar una nueva relación sanaba todas sus heridas y lo hacía sentir que nunca lo había hecho antes. Eso era todo. Nada más. La terminaron de todas formas. Y ahí se quedó, circulando por los escritorios de las discográficas durante meses. Nadie quería grabar una canción con ese título. Demasiado provocador. Demasiado arriesgado.
En 1984, la estrella emergente del pop necesitaba material para su segundo álbum. El primero había tardado en despegar pero finalmente estaba explotando con Holiday, Borderline y Lucky Star. Warner Bros contrató a Nile Rodgers, el productor más caro del momento, recién salido de Let’s Dance de Bowie. El sello no tenía presupuesto así que hicieron un trato raro. Si el disco vendía más de tres millones de copias, Rodgers recibía regalías enormes. Todos pensaron que estaba loco apostando tan alto.
Michael Ostin del departamento de artistas de Warner escuchó un par de melodías de la balada rechazada y pensó en ella inmediatamente. Al día siguiente organizó una reunión. Steinberg, Kelly y Ostin se sentaron con la cantante. Pusieron la maqueta. La reacción fue instantánea. “Me volví loca”, recordaría ella años después. No vio una balada de desamor masculino. Vio ironía, provocación, un juego de palabras imposible de ignorar. “¿Cómo puedes ser COMO una virgen?”, pensó. Era callejero, genial, perfecto. Ostin supo en ese momento que tenían un hit. La cantante también lo supo. Pero por razones completamente diferentes a las que Steinberg había imaginado.

Las sesiones de grabación empezaron en marzo de 1984 en Power Station Studios de Nueva York. Seis semanas para completar el disco. Grabación digital, tecnología futurista pero más barata que cintas tradicionales. La artista llegaba después de nadar en una piscina local. Nunca faltó. Nunca dejó que grabaran algo sin que ella lo escuchara primero. Algunos músicos lo encontraron intrusivo. Rodgers lo encontró poderoso. “Nunca he trabajado con una persona a la que respetara más”, dijo el productor. “El primer día fui el primero en llegar al estudio, pero no volvió a suceder. Ella no me dejaría ser el primero otra vez”.
La cantante eligió todas las canciones personalmente. Las que había escrito con Stephen Bray. Una propia llamada Shoo-Bee-Doo. Y tres posibles hits escritos por otros. La balada rechazada que ahora sería el título del álbum, Material Girl escrita especialmente para ella, y Dress You Up enviada por dos amas de casa de Nueva Jersey. Nueve canciones. Sin relleno. “Quiero que todas sean éxitos”, dijo. El ingeniero de sonido Jason Corsaro recuerda que algunos encontraron que era intrusiva, pero él pensó que era poderosa. Estaba determinada a que el disco fuera un éxito. Si alguien hacía algo que no le gustaba, lo dejaba claro inmediatamente. Durante las sesiones de mezcla, ella nunca se fue. Siempre ahí. Siempre escuchando. Siempre decidiendo.
El álbum iba a salir en junio de 1984. No salió. El primer disco, que había vendido poco al principio, explotó de repente. El sello pospuso el lanzamiento varias veces. La artista estaba furiosa. “Estaba irritada porque a otra canción mía le estaba yendo tan bien y tuve que esperar para lanzar algo que me entusiasmaba”. Finalmente salió el 12 de noviembre. La portada causó escándalo. Acostada como novia con lencería sexy y un cinturón que decía “Boy Toy”. Algunas tiendas imprimieron la imagen trasera al revés por ser demasiado provocativa.
El single llegó a número uno antes de Navidad. El álbum también. Luego vinieron Material Girl, Angel, Dress You Up, Into the Groove. Once singles exitosos en 18 meses. Pero la crítica adulta la destrozó. La acusaron de usar el sexo para vender música de baja calidad. El único que salió en su defensa fue Rodgers. “Iggy Pop puede ser sexual en el escenario y está bien, pero ella es mujer, por eso dicen que es de mala calidad. Es una excelente cantante y música. Sería bueno que la gente fuera más allá de la imagen”. La artista respondió con claridad. “Creo que la gente quiere verme como una rubia tonta. No está permitido coquetear sin ser cabeza hueca. Lo hago porque me gusta. Lo hago porque me emociona”.
Rodgers ganó su apuesta. El álbum no vendió tres millones. Vendió 21 millones. Siete veces lo que el sello había apostado. Para la cantante fue el punto de quiebre. Dejó de ser artista disco emergente y se volvió estrella global. Estaba rompiendo estereotipos. Tenía control. Usaba el sexo como herramienta para expresar fuerza e independencia. No era objeto de deseo. Era sujeto deseante. Eso era revolucionario en los 80. Caroline Sullivan de The Guardian escribió que una mujer en control de su vida sexual y su carrera era una idea tan nueva que se convirtió en el fenómeno más grande que impactó la cultura pop esa década.
¿Vale la pena 40 años después? Completamente. Like a Virgin sigue siendo el manual perfecto de cómo tomar algo que no es tuyo y hacerlo tuyo. Steinberg escribió sobre sanar heridas emocionales. La reina del pop lo cantó como declaración de independencia sexual. Ninguno planeó la otra lectura. Pero ahí está. La diferencia no está en la letra. Está en quién la canta y qué decide hacer con ella.
Es un disco que no te puedes perder si alguna vez te preguntaste cómo una canción puede significar cosas completamente diferentes dependiendo de quién la interprete. Un tipo escribió autobiografía vulnerable. Una mujer creó revolución cultural. Ella robó esa balada de desamor masculino. La convirtió en himno feminista sin cambiar una palabra. Y transformó la música pop para siempre. Las mejores canciones no son las que escribes para ti. Son las que alguien más te roba y convierte en otra cosa.



