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Mrs Playmen

¿Cómo se sostiene una revista erótica en un país donde la Iglesia Católica vigila desde las ventanas de tu propia redacción? ¿Dónde termina la emancipación sexual y dónde comienza la cosificación del cuerpo femenino? Adelina Tattilo no solo editó Playmen, construyó un campo de batalla editorial donde el deseo femenino tomó la palabra mientras la policía tocaba su puerta con órdenes de censura y el Vaticano la miraba con desaprobación desde la Basílica de San Pedro.

Netflix estrena Mrs Playmen, dirigida por Riccardo Donna, y ofrece una reconstrucción fragmentada, mitad documental y mitad ficción, del ascenso vertiginoso de Tattilo como editora de la revista erótica italiana que rivalizó con Playboy pero con identidad absolutamente propia.

La serie arranca magistralmente en la fiesta de lanzamiento de un número emblemático y desde ahí desanda el camino: la desaparición misteriosa de Saro Balsamo, socio y marido de Tattilo, la decisión radical de situar a mujeres no mediáticas en portada, la inclusión de Elsa, una joven cuya intimidad se convierte en contenido editorial problemático, y la presión constante de autoridades que intentaban clausurar la publicación por obscenidad. Pero Playmen no era pornografía ni imitación barata de la revista de Hugh Hefner. Tattilo defendía apasionadamente que su contenido era softcore, estéticamente cuidado, y que priorizaba la belleza sobre la exhibición exagerada o vulgar.

Estados Unidos es un matriarcado, analizaba Tattilo con agudeza. Por eso los hombres americanos prefieren mujeres con pechos exagerados y voluminosos. Su revista, en marcado contraste, publicaba entrevistas a Henry Miller, debatía abiertamente sobre marihuana recreativa, divorcio, política, moda y deportes. Incluso se animó a incluir desnudos masculinos, aunque el foco editorial seguía siendo predominantemente femenino.

La serie navega con inteligencia admirable las contradicciones inherentes a esa posición compleja: Tattilo defendía libertades sexuales progresistas, pero operaba dentro de un sistema editorial atravesado por tensiones éticas ineludibles. Grupos feministas señalaban que Playmen perpetuaba la objetificación del cuerpo femenino, mientras Tattilo argumentaba que estaba democratizando el deseo al incluir mujeres reales, no solo actrices glamorosas ni modelos profesionales. La ficción no pretende resolver este debate: lo presenta con honestidad brutal y permite que el espectador saque sus propias conclusiones incómodas.

Por las páginas de Playmen pasaron figuras que luego despegaron hacia la fama: Pamela Villoresi, Patty Pravo, Ornella Muti, Amanda Lear. El bombazo mediático ocurrió en 1972 cuando publicaron una foto de Jacqueline Kennedy desnuda en una pileta, imagen que nunca se vio en Estados Unidos, junto a otra de Brigitte Bardot. El éxito fue rotundo y simultáneamente escandaloso: ediciones retiradas violentamente por la policía, números agotados en horas, censura constante y sistemática. Mrs Playmen construye visualmente los años 70 italianos como un territorio vibrante, colorido y profundamente contradictorio. La redacción de Playmen, ubicada estratégicamente con vista directa a la Basílica de San Pedro, funciona como metáfora perfecta: desde ahí, Tattilo miraba al Vaticano mientras publicaba exactamente lo que la Iglesia consideraba pecaminoso y obsceno.

La serie incluye personajes ficticios para densificar el universo editorial, pero el centro siempre es Adelina: la Hugh Hefner con falda, según la describió Time, que no pidió permiso para redefinir las reglas del juego mediático en una Europa que discutía divorcio, aborto y emancipación tanto en las calles como en los quioscos.

Mrs Playmen es un estreno que no te puedes perder si alguna vez te has preguntado qué precio pagaron las mujeres que se atrevieron a decir que el deseo también tenía nombre femenino, aunque la moral tradicional intentara callarlo con clausuras, censuras y condenas eclesiásticas.