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Hamnet, El Duelo que Shakespeare Nunca Escribió

¿Cuánto tiempo necesitas para superar la muerte de un hijo? Shakespeare escribió Hamlet cuatro años después de perder a su hijo Hamnet. Chloé Zhao (Nomadland, Eternals) responde con Hamnet, su adaptación de la novela de Maggie O’Farrell que cambia toda la perspectiva: no es la historia del genio atormentado escribiendo su obra maestra, sino del dolor de una madre que ve cómo su marido convierte a su hijo muerto en entretenimiento para nobles. Jessie Buckley y Paul Mescal son Agnes y William Shakespeare en una película sobre duelo, creatividad y la distancia que se abre entre dos personas que procesan la pérdida de formas completamente opuestas.

Hamnet es una película sobre Agnes, esposa de un joven William Shakespeare, que lucha por salvar a su hijo Hamnet durante una epidemia de peste en la Inglaterra de 1596. La historia salta entre dos líneas temporales: el presente, donde Hamnet enferma y Agnes intenta curarlo con hierbas y rituales, y cuatro años después, cuando William estrena Hamlet en Londres mientras Agnes sigue atrapada en el duelo. No es una película sobre Shakespeare escribiendo su obra más famosa. Es sobre una mujer que pierde a su hijo y descubre que su marido lo inmortalizó sin preguntarle si ella quería recordarlo así. La peste, el teatro isabelino y los campos de trigo de Stratford-upon-Avon son el escenario, pero el centro es Agnes.

Jessie Buckley merece todos los premios. Hace del duelo algo físico, visible, insoportable de ver. No llora de forma dramática, llora como llora la gente real: con la cara rota, sin sonido, en medio de tareas domésticas. Paul Mescal construye un Shakespeare que huye de su familia porque no sabe cómo quedarse quieto con el dolor. La química entre ambos funciona incluso en el silencio, especialmente en una escena donde discuten sin decirse nada, solo con miradas en una habitación vacía. Chloé Zhao filma con su estilo contemplativo habitual, pero aquí lo usa para asfixiarte: los interiores de la casa de Shakespeare se cierran como una trampa, los campos abiertos no dan alivio. La fotografía de Chayse Irvin hace que todo se vea borroso en los bordes, como si estuvieras viendo a través de lágrimas. La partitura de Max Richter (el compositor de Sleep) repite las mismas notas de piano hasta que te duelen.

El segundo acto se arrastra. Son veinte minutos de Agnes caminando por campos, mirando ventanas, tocando objetos de Hamnet que no necesitabas ver tantas veces para entender que está destrozada. Zhao confía demasiado en el silencio contemplativo y olvida que el dolor también necesita respirar, cambiar de ritmo, dar un respiro al espectador. La línea temporal de cuatro años después, con William en Londres, se siente desconectada del resto. No aporta mucho más allá de confirmar lo que ya sabías: él procesa escribiendo, ella no. Hay una escena donde William le explica a Agnes por qué escribió Hamlet que debería ser el clímax emocional de la película, pero llega tarde y se resuelve demasiado rápido. Te quedas esperando una confrontación más grande que nunca llega.

Maggie O’Farrell escribió Hamnet en 2020 y ganó el premio Women’s Prize for Fiction. La novela prioriza la perspectiva de Agnes, una mujer prácticamente borrada de la historia oficial de Shakespeare. Zhao adapta con fidelidad ese enfoque feminista: William es un personaje secundario, casi un fantasma, mientras Agnes ocupa cada encuadre. Si viste Nomadland, reconocerás el estilo: planos largos, luz natural, actores moviéndose lento por espacios reales. La diferencia es que aquí Zhao trabaja con presupuesto de estudio y locaciones históricas en Inglaterra. El resultado es técnicamente impecable pero emocionalmente desigual. Funciona mejor cuando es intimista que cuando intenta ser épico.

Hamnet vale cada minuto si entiendes que no es una película sobre Shakespeare, sino sobre lo que cuesta seguir vivo después de perder a alguien. Es para gente que ha perdido algo importante y necesita ver ese dolor reflejado en pantalla sin manipulación ni catarsis fácil. No es para quien busca un biopic tradicional de Shakespeare o un thriller de época con intriga. Jessie Buckley y Paul Mescal entregan actuaciones devastadoras en una historia que te deja con la herida abierta.

¿Es posible perdonar a alguien que convirtió tu peor momento en arte?