
Tron: Ares
¿Qué ocurre cuando un programa informático traspasa la frontera entre el mundo digital y el real? ¿Es simplemente código ejecutable o puede desarrollar una conciencia propia que desafíe su programación original? Joachim Rønning nos trae estas inquietantes preguntas en ‘Tron: Ares’, la esperada continuación que llega 15 años después de ‘Tron: Legacy‘.
Jared Leto encarna a Ares, un soldado digital extremadamente avanzado que es enviado al mundo físico en una misión desesperada. Solo tiene 29 minutos para completar su objetivo antes de desvanecerse, a menos que consiga el código de permanencia que le permitiría existir indefinidamente entre los humanos.
La película construye un fascinante dilema moral entre dos visiones de la inteligencia artificial: Julian Dillinger, interpretado por Evan Peters, busca el control absoluto a través de la tecnología, mientras que Eve Kim, magistralmente interpretada por Greta Lee, aspira a utilizarla para impulsar el progreso humano sin perder nuestra esencia.
Tron Ares y el límite entre código y conciencia
A nivel visual, ‘Tron: Ares‘ es un festín para los sentidos. La estética retrofuturista combinada con efectos de luz deslumbrantes y coreografías de acción impecablemente ejecutadas crean una atmósfera única que te mantiene pegado a la butaca. Aunque el guion cae ocasionalmente en conversaciones cursis y el intento de humanizar a Tron no siempre funciona, la película logra actualizar los temas de la saga original para resonar con los dilemas contemporáneos sobre la inteligencia artificial y el poder tecnológico.
Es una experiencia cinematográfica plagada de guiños para los fans de las entregas anteriores, pero lo suficientemente independiente como para funcionar por sí sola. ‘Tron: Ares’ es un estreno que no te puedes perder si te fascina explorar dónde termina el código y dónde comienza la conciencia.








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