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Ex Machina

A imagen y semejanza del algoritmo está inspirado en la película Ex machina, en él planteamos preguntas alrededor de lo que parece el juego de ser dioses en el impredecible y todavía desconocido mundo de la Inteligencia Artificial y su relación cada vez más cotidiana con la humanidad.

Ex machina y el deseo humano de jugar a ser dioses

Ex machina convierte una historia de ciencia ficción en una reflexión sobre el orgullo humano. La película imagina qué ocurriría si alguien lograra crear una inteligencia artificial consciente, capaz de pensar y sentir por sí misma. Pero, sobre todo, Ex machina cuestiona qué tan lejos puede llegar el ser humano cuando cree tener el poder de convertirse en dios.

Y quizá lo más inquietante de Ex machina es que no presenta esa posibilidad como algo lejano o imposible. La película sugiere que ya hemos comenzado ese camino: cada búsqueda, cada cámara y cada algoritmo alimentan una inteligencia construida con fragmentos de nosotros mismos. Por eso Ex machina no solo habla de una máquina como Ava, sino de una humanidad dispuesta a entregar todo con tal de crear algo a su propia imagen.

A imagen y semejanza del algoritmo

“Crear una máquina consciente no es parte de la historia del hombre. 
Es la historia de los dioses.”
Ex machina

Obra de sus manos: el hombre polvo y la mujer costilla del hombre. Imagen y semejanza, no iguales. La totalidad de ese creador repartida en toda la historia de la humanidad, una gotita de Dios en cada uno; un poquito de Dios en la Madre Teresa, otro poquito en Hitler, otro tanto en la señora que vende empanadas en la esquina. No somos dioses, pero nos gusta jugar a serlo. 

Su nombre es Ava, para ser más precisos Ava 9.6. Tiene un cuerpo femenino, esbelto y con cabello de apariencia natural. Después de muchas versiones parece estar lista para aparentar ser humana y ser evaluada por Caleb quien determinará su nivel de consciencia a través del test de Turing. 

En este juego de ser Dios, su creador, Nathan, ha contenido en ella toda la información accesible a través de un buscador virtual argumentando que son un mapa de cómo piensa la gente, utilizando las búsquedas, cámaras y micrófonos de todos los usuarios del mundo para llenar de información y expresiones faciales y vocales a su creación: Ava la inteligencia artificial. 

Dicen que la tecnología nos acerca, nos conecta, nos permite hacer lo que queramos. No sirve para resolver los problemas cotidianos de la humanidad, pero sí para crear máquinas que simulen ser humanas ¿Cómo pueden los humanos desde sus capacidades y debilidades crear algo superior a sí mismos? 

Escuchamos inteligencia artificial y nos deslumbramos. Suena por encima de todos. Una historia que se escribe como una especie de juego opuesto al de Dios; todo el talento humano agrupado en un solo cuerpo de circuitos, sensores y algoritmos. Aristóteles, Napoleón, Mozart y Bad Bunny en un mismo ser. 

Una máquina capaz de sentir, empatizar, pensar, tener afectos, leer a los demás, pero también manipular y experimentar odio y frustración. ¿Cómo saber que aquello no tomará suficiente consciencia para jugar en contra de su propio creador? ¿Alguna vez seremos para ellos un montón de huesos fósiles recogidos, investigados y expuestos en museos?

La humanización de las máquinas es una espada de doble filo. Impregnar en ellas características humanas no nos salva de la autonomía de consciencia que puedan desarrollar, así como tampoco nos libra de su lado oscuro; al fin y al cabo son hechas a nuestra imagen y semejanza. 

Algunas, como Ava, pueden buscar establecer vínculos como medio para alcanzar un interés individual; otras, como Klara, crearán una lectura propia del mundo a partir de una percepción subjetiva y buscarán mejorar su entorno terrenal desde su propia idea de lo que este es. Al final, tanto ellas como nosotros vivimos la maratónica carrera contra la muerte.

– ¿Por qué depende de alguien? ¿Hay gente que te evalúe y que pueda desconectarte?

– No.

– ¿Por qué a mí sí?

Fragmento diálogo película ex machina
ex machina