Literatura,  Lo Que Leí

La mentira más dulce y el cozy romance que huele a pastelería y segundas oportunidades

A veces el cuerpo nos pide parar. No sé si te pasa, pero hay días en los que el ruido de la calle, las notificaciones del teléfono y las prisas diarias se sienten como una mochila llena de piedras. En esos momentos, lo último que quiero es enfrentarme a una historia densa, de esas que te dejan el cuerpo del revés o te obligan a resolver un misterio complejo. Hay tardes en las que solo buscas una manta, una taza de algo caliente y un lugar seguro donde sepas que, pase lo que pase, las cosas van a salir bien.

Hace unos días, buscando precisamente ese tipo de tregua, me topé con La mentira más dulce de Andrea Izquierdo, una novela romántica editada por RBA que se encuadra perfectamente en lo que ahora llamamos cozy romance. Ya sabes, esas historias amables, reconfortantes, donde el entorno es casi tan importante como lo que les pasa a los protagonistas.

Y mientras pasaba las páginas, me acordé de lo mucho que nos gusta, de vez en cuando, fantasear con la idea de dejarlo todo e irnos a vivir a un pueblo pequeño.

Un libro manchado de chocolate y un castigo a las siete de la mañana

La historia nos lleva a la isla de Sunnyrose. Allí nos encontramos con Allison, una chica que adora la repostería y que intenta convertir esa pasión en su forma de vida, aunque la suerte no la ha acompañado demasiado últimamente. De regreso a su antiguo hogar para intentar poner orden en su caos, una tormenta tuerce sus planes. Y ahí es donde se cruza con Jaden, el chico que ahora regenta la pequeña librería familiar de los Hudson.

Pero lo divertido es que ellos ya se conocían. No son dos desconocidos que coinciden en una esquina. Tienen un pasado común de esos que dejan pequeñas cicatrices cotidianas.

De hecho, hay un momento de sus vidas que me pareció precioso y que explica muy bien cómo se construye su relación. Cuando iban al colegio, Allison sacó de la biblioteca un libro titulado Postres para principiantes: pasión por el cacao. Como suele pasar cuando cocinas con entusiasmo, el libro terminó con una mancha marrón que pegó las páginas 81 y 82. Al intentar devolverlo disimuladamente, Jaden, que siempre ha sido muy meticuloso con los libros, la descubrió.

La pequeña discusión terminó con la profesora de Literatura castigándolos a los dos. ¿El castigo? Repartir la correspondencia del pueblo en bicicleta a las siete de la mañana o, si no había cartas, quedarse una hora copiando a mano Matar a un ruiseñor. Para evitar la tortura de copiar el libro, se les ocurrió una idea fantástica gracias a un barquero del pueblo: escribirse cartas entre ellos. Así siempre habría correo que repartir y se librarían del aula de castigo.

Esos pequeños detalles, como una mancha de chocolate seco en una página de biblioteca, son los que hacen que una historia se sienta viva. Te hacen sonreír porque todos hemos cometido una pequeña travesura parecida en el colegio.

—Está manchado —le dice Jaden en esa vieja biblioteca. —No —miente ella con las mejillas coloradas. —Sí, está manchado. Debería ser un delito hacer eso.

El encanto de los lugares donde todos se conocen

La trama principal de La mentira más dulce de Andrea Izquierdo avanza hacia un terreno que los lectores de la novela romántica española conocen y disfrutan mucho: el fake dating o el romance por conveniencia.

Resulta que la librería de los Hudson está en apuros económicos. Jaden necesita salvar el negocio familiar y la única solución que encuentra es participar en un certamen por parejas que se organiza en la zona, cuyo premio en metálico solucionaría todos sus problemas. Allison, por su parte, necesita una forma de regresar y enderezar su situación. Así que deciden fingir que están juntos para competir.

A partir de ahí, la tensión entre los dos, ese tira y afloja de quienes compartieron secretos en la adolescencia pero se distanciaron con los años, sostiene toda la lectura. Es una historia de segundas oportunidades, de volver a mirar a la persona que tienes al lado y descubrir que ya no es el niño que te acusaba en la biblioteca, sino alguien que camina con sus propios dolores, como la pérdida de sus padres años atrás.

Algo muy bonito de esta edición en concreto es que incluye contenido inédito en su interior, como un anexo con recetas de repostería y detalles que amplían la experiencia. Además, cobra mucha importancia un booknook —esos pequeños callejones en miniatura decorativos que se meten entre los libros de las estanterías—, que se convierte en un rincón muy especial dentro de la trama.

Las pequeñas costuras de la historia

Si nos sentáramos a hablar de esto con un café, te diría que el libro tiene cosas maravillosas y otras que quizá se sienten un poco más sencillas. Por ejemplo, la novela está contada desde dos puntos de vista, alternando la voz de Allison y la de Jaden. Algunos lectores comentan en plataformas literarias que, a veces, las dos voces se parecen bastante entre sí, como si costara un poco distinguir la forma de hablar de uno y de otro.

Pero, sinceramente, cuando buscas una lectura reconfortante, ese tipo de detalles pasan a un segundo plano. Lo que te atrapa es la atmósfera. Es el olor a pan recién hecho de la pastelería, el silencio de la librería Hudson, las bicicletas recorriendo el puerto por la mañana y la sensación de que, en los lugares pequeños, la comunidad siempre te sostiene.

¿Por qué seguimos buscando estas historias?

Al terminar de leer, me quedé pensando en por qué nos atraen tanto los libros sobre librerías y pastelerías. Quizá sea porque representan dos de los mayores refugios que tenemos en el día a día: las historias que nos permiten viajar y la comida hecha con paciencia, pensada para compartir.

Andrea Izquierdo no busca inventar la pólvora con este libro, ni falta que le hace. Lo que consigue es abrir una ventana a un lugar tranquilo durante unas horas. Nos recuerda que las vidas se tuercen, que las pasiones a veces fallan y que los negocios familiares sufren, pero que siempre hay una manera de volver a empezar si tienes a alguien cerca dispuesto a escribirte una carta.

Quizá esta obra llegue en un buen momento si estás buscando un respiro del día a día. No hay grandes sobresaltos, pero hay tardes de lluvia, aroma a café y dos personas intentando arreglar sus vidas mientras fingen que se quieren, sin darse cuenta de que tal vez ya no necesitan fingir tanto.

Al final, cuando cierras la última página, te entran unas ganas tremendas de encender el horno, preparar algo dulce y rebuscar en la estantería ese viejo libro que tienes un poco olvidado.

Me he quedado pensando en esa costumbre de Allison y Jaden de escribirse cartas para salvarse de un castigo. Y me ha dado curiosidad: ¿cuándo fue la última vez que escribiste una nota a mano para alguien? ¿Tienes en casa algún libro con una mancha de café o de chocolate que te recuerde a un momento especial de tu vida?