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El Joven Manos De Tijeras

Como en las películas es un artículo para nuestro tema navidades extrañas inspirado en la película El joven manos de tijera. Habla de cómo las tradiciones se instalan en la memoria y los recuerdos, dando ese toque de magia que se instala en el aire y la nieve durante el tiempo de navidad.

El joven manos de tijera y las navidades que parecen un recuerdo

En El joven manos de tijera, la nieve no llega del cielo. Esta nace de las manos de alguien que vive lejos, encerrado entre hielo y soledad.

Tal vez por eso las navidades de esa película se sienten distintas, como si estuvieran hechas de recuerdos, de tradiciones repetidas y de una magia extraña que sólo existe mientras alguien siga creyendo en ella.

Con el tiempo entendemos que la verdadera herencia de El joven manos de tijera no es la nieve ni el castillo, sino esas pequeñas costumbres que pasan de una generación a otra. Los olores, las recetas y las historias terminan construyendo una navidad que, aunque cambie, siempre intenta parecerse a aquella que vimos por primera vez en El joven manos de tijera.

Porque la infancia hace que todo parezca eterno. Creemos que la abuela siempre estará en la cocina, que el árbol aparecerá adornado, que los regalos llegarán solos y que la casa volverá a oler igual cada diciembre. Pero un día descubrimos que detrás de toda esa magia había alguien cansado, alguien cargando bolsas, cocinando, envolviendo regalos o inventando historias para que la tradición no muriera.

Quizá por eso las navidades terminan pareciéndose tanto a El joven manos de tijera: porque crecemos y entendemos que la magia no desaparece, solamente cambia de manos.

Como En Las Películas

Las recetas de la abuela hacen que el aire frío caiga en cámara lenta mientras la cocina se inunda de olor a panecillos; olor a la abuela y a la abuela de la abuela, olor a todas las palabras no perecederas que se han dicho alrededor de fogones y hornos que cambian de formas pero nunca de aroma, olor a pino abrazado por lucecitas y colgantes que brillan, regalos esperando, olor a tradición deambulando por los pasillos con la certeza de que será perpetuada.

Las tradiciones en la infancia parecen inamovibles, sacadas de un libreto, dirigidas por oompa loompas, minions, alguien que se encarga de que la navidad llegue con lo que se supone que tiene que llegar, como en las películas.

Todo es mágico cuando no sabemos que hay alguien detrás de ello; cuando no vemos a la abuela ir a otro pueblo a buscar los ingredientes lo más parecidos a los que usaba la abuela de su abuela, cuando no vemos a papá sudando mientras mata un pino para sembrarlo en la sala y verlo morir con adornos colgados, cuando los regalos parecen un jardín de sueños reflejando lucecitas.

La navidad se vuelve extraña cuando la tradición empieza a buscar herederos, cuando la abuela ya no puede ir a comprar los ingredientes y es mamá quien intenta imitar su receta, cuando papá necesita mi ayuda para cargar el árbol, cuando nadie intenta esconderme para que no vea quién siembra regalos en su regazo.

La navidad cambia cuando entro a la cocina mientras mamá prepara panecillos para aprender la receta de mi abuela, que heredó de la abuela de su mamá; cuando soy yo quien busca un árbol y compra los regalos, cuando intento mantener viva la memoria de la magia, cuando quiero que otros me necesiten para crear el espejismo del encanto.

Cuando me siento junto a la ventana, embriagado de olor a tradiciones y veo caer nieve, que no es nieve, que son virutas de esculturas de hielo, empujadas por el viento desde lo alto de un castillo donde vive un hombre que mi abuela conoció y trajo la tradición, con historias distorsionadas heredadas por tres generaciones, de tener navidades que se parecen a las de las películas. Y quizá por eso, incluso muchos años después, seguimos buscando navidades que se parezcan a las de El joven manos de tijera.

joven manos de tijera