
Síndrome De Abstinencia
El síndrome de abstinencia emocional y la ansiedad nocturna
El síndrome de abstinencia emocional se instala incluso antes de la ausencia definitiva. Apenas un momento de tu partida. Ansiedad. Noche. Ese pulso interno responde a dicha abstinencia que comienza a desplegarse en el cuerpo. Un bombillo como el más alto desarrollo de la civilización tras la puerta. Este recordarte que apenas intenta asir el borde de mi piel desaparece. Luz que me sirve para ahuyentar la soledad.
Tu presencia, por mi mente convocada, no encuentra lugar por mi certeza de que al apagar el bombillo, mis ojos no cesan de rebotar en círculos y líneas, también hexágonos y otra vez los círculos. La mente insiste, atrapada en el patrón repetitivo de la abstinencia… ¿Estarás? Cerrar mis ojos para imaginar tu presencia nuevamente sobre mi vida. Para no extrañarte más, invadido y expresivo de esta loca sed que invade mi cuerpo; que tu vida satisface hasta el punto justo en el que se mantiene la más dulce dependencia: dipsomanía corporal. Nombrar esto como abstinencia apenas roza su intensidad real.
Seguro que tú también la padeces. Busco inventar un rito y todos los que puedan, con ajuste en mi moral, convocar ipso facto el sueño en el que, tu, seguramente me acompañaras plácida y felizmente. Ahora que este encierro decretado en estas cárceles voluntarias que son las ciudades, donde la abstinencia se intensifica en la repetición del encierro, me impide abandonar esta casa y en el interior de ella no existe nada. Congelado en este punto en el que juntos sentimos dar un paso, a pesar de los reclamos relacionados con la ilusión del bienestar: La conquista de la soledad.
Camino para acabar la apenas ubicándose morada, aunque nada en sus rincones contiene una forma que dispare un recuerdo tuyo, todos ellos , desconocidos, todos los extraños te recuerdan; círculo vicioso de impaciencia contra deseo realizándose en tu ausencia. Seguro que una sobredosis de agua sería impertinente, he decidido retornar a mi encierro mínimo, mi celda personal, ahora siento que al reducir el encierro así mismo le pasará a mis emociones y tal vez con esta calma que logre, logre apenas ensoñarme mientras apago la luz eléctrica y vuelvo a esta nueva cama, con nuestras viejas colchas.
Sabía ya desde el primer paso que no funcionaria por que la natural resistencia a la administración de mi cuerpo por acciones planeadas, prescritas; ya no funcionaría. Así lo he hecho. Otra vez entre la cama y la civilización mi mirada recorre lo que contiene mi emoción. Vacío en torno a esta cama, apenas para ser ocupado, apenas ocupado por la cama, las colchas y nosotros.
Tu, ante mi apareciendo encerrada en el vacío que no deja lugar y no tiene potencia para que entre mi deseo y el tuyo reunamos por el deseo nuestros cuerpos, por nuestros cuerpos el deseo, el pensamiento hecho cuerpo sensitivo; fragilidad que barniza nuestra piel de manera que una caricia podría desvanecer el cuerpo de naipes que contiene.
En ese punto en el que mi recuerdo es tu deseo de estar conmigo. La noche, la luna, el conjuro adecuado y estaremos juntos en el acto. Vacío que tiene lugar para tu presencia. Todo está listo. Ante la encrucijada entre el círculo y la espiral me decido por apagar el bombillo y entre sueños siento tu entrada en la cama. Me giro. Beso y abrazo, Poesía.
Quizá no se trate de olvidarte, sino de aprender a habitar esta ausencia sin que duela tanto. De aceptar que incluso en el silencio, en la noche y en el cuerpo, algo de ti permanece latiendo conmigo.






