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El Juego de la Verdad

Decirse la Verdad la Noche Antes de su Boda. Lo que Viene Después No lo Anuncia Nadie.

Hubo una noche en que alguien propuso jugar a decirse la verdad. El drama Zendaya gira exactamente alrededor de una noche así. Nada de secretos, nada de filtros. Solo lo que nunca se había dicho en voz alta. Era una reunión pequeña, con vino, con la confianza que da llevar años conociéndose. La primera ronda fue fácil. Vergüenzas menores, anécdotas que ya casi eran chistes. La segunda ronda fue distinta. Alguien dijo algo que no era un chiste. Y el cuarto cambió. No de golpe —eso hubiera sido más fácil— sino de esa manera lenta en que cambia el aire cuando alguien abre una ventana en invierno.

El drama Zendaya y el juego de decir la verdad

Emma y Charlie están a punto de casarse. La boda soñada, las fotos perfectas, Las Vegas. La noche anterior, entre amigos, alguien propone un juego: el secreto más oscuro de cada uno. Charlie confiesa el suyo. Emma confiesa el suyo. El problema es que la confesión de Emma no tiene el mismo peso que la de Charlie. Tiene más historia. De ahí arranca El drama Zendaya, la nueva película de Kristoffer Borgli —el director noruego de Dream Scenario— con Zendaya y Robert Pattinson, producida por A24 y disponible en cines.

Lo que viene después Borgli no lo anuncia. Deja que la cámara se quede quieta mientras Charlie intenta procesar lo que acaba de escuchar. Pattinson hace algo difícil en esa escena: no reacciona demasiado. Se queda con la cara de alguien que sigue sonriendo porque todavía no sabe qué está sintiendo. Zendaya sostiene el otro extremo: Emma no pide perdón ni se derrumba. Espera. Como alguien que cargó algo mucho tiempo, por fin lo soltó, y ahora solo quiere ver qué pasa.

El drama Zendaya y lo que elegimos cuando amamos

Eso es lo que la película tiene. No la respuesta a si Charlie debería quedarse o irse. Tiene la pregunta de qué hacemos con las versiones pasadas de las personas que amamos. Si esas versiones también las elegimos, o si solo elegimos la que llegó hasta nosotros. Alana Haim aparece como la dama de honor, y en sus escenas hay algo que el resto no tiene: la incomodidad exacta de quien quiere ayudar pero no sabe si lo que está haciendo es ayudar o simplemente estar presente mientras todo se desarma.

Hay otro momento cerca del final que es peor que cualquiera de los anteriores. El drama Zendaya no responde esa pregunta, ese tienes que verlo tú. ¿Cuánto del pasado de alguien estás eligiendo cuando dices que lo elegiste a él?

En El drama de Zendaya, la verdad no funciona como liberación, sino como detonante. Decirla no arregla nada, no acerca necesariamente a las personas, y tampoco las separa de inmediato. Las deja en un punto intermedio donde todo lo que creían estable empieza a moverse.

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