
Persépolis El Día que Dios Cambió de Bando
El Día que Dios Cambió de Bando: Persépolis de Marjane Satrapi vista desde adentro
Tenía diez años cuando Dios cambió de bando.
Persépolis comienza con una certeza rota, no fue gradual. Fue así: un día el Shah era el elegido de Dios y al día siguiente no lo era. Nadie me explicó qué había pasado entre una cosa y la otra. Supongo que esperaban que yo no lo notara. Pero los niños notan todo. Solo que no tienen el vocabulario para nombrarlo, entonces lo guardan como una pregunta que se queda sin respuesta durante años.
En mi colegio nos dieron un velo. Dijeron que había que usarlo. Nadie dijo para qué. Yo lo usé para jugar a la comba con mis amigas. Era lo más lógico. Teníamos diez años. ¿Para qué más iba a servir un trozo de tela?
Mi tío era un héroe. Después fue un preso. Después fue un muerto. El mundo adulto procesó eso como política. Yo lo procesé como pérdida. No sé cuál de las dos formas es más honesta.
Eso es lo que dibujé en Persépolis. No la revolución islámica como la cuentan los libros de historia. La revolución como la ve una niña que no entiende por qué las certezas de los adultos se rompen tan fácil. Por qué lo que ayer era verdad hoy no lo es. Por qué crecer en algunos lugares no es un proceso sino un golpe.
Las mujeres iraníes todavía están en las calles. Todavía se quitan el velo. Todavía pagan un precio que yo dibujé hace más de veinte años con tinta negra sobre papel blanco, pensando que al menos si lo dejaba en una página, nadie podría decir que no había pasado.
Solo unos trazos. Y, sin embargo, un corto antes del libro.








Un Comentario
Pingback: